jueves, 20 de septiembre de 2007

EMILIO RUIZ DEL RÍO, EL ÚLTIMO ARTESANO

Durante este último año Emilio Ruiz del Río me ha enseñado los secretos de su oficio para dejar constancia de ellos en un documental que se titulará El arte invisible de Emilio Ruiz. Mientras comenzaba el montaje del documental, Emilio fallecía el pasado 14 de septiembre en el hospital San Rafael de Madrid, aquejado de una insuficiencia respiratoria provocada por una infección pulmonar. El diario El País, la Cartelera Turia de Valencia y la revista de la Academia de Cine me pidieron unas líneas para glosar su figura. El texto que sigue a continuación rehace y completa todos ellos.


Emilio Ruiz del Río, nacido el 11 abril de 1923 en Madrid, era una leyenda viva del cine. Durante sesenta y cinco años realizó trucos visuales para más de 450 películas con una total entrega y dedicación. Era un perfeccionista que amaba el trabajo bien hecho, con humildad. Cuando el director Robert Siodmak le vio encajar uno de sus trucos en los decorados de La última aventura (Custer of the West, 1967), se rindió ante su arte y como prueba de gratitud le regaló el visor que le había acompañado desde el rodaje de La escalera de caracol (1945). Emilio lo guardó como oro en paño. No se atrevió a utilizarlo nunca, decía, “por respeto”.

Con 84 años, Emilio era el último maestro del trucaje cinematográfico clásico que permanecía en activo. Recorrió con su inventiva el cine religioso e histórico del franquismo, las producciones fugitivas de Hollywood en España, las más heterogéneas coproducciones europeas, el cine de la transición democrática, las superproducciones de De Laurentiis, el cine de género de Juan Piquer y el más reciente cine de autor español y europeo.

Emilio se introdujo en el mundo cine de la mano del director artístico Antonio Simón y del pintor Enrique Salvá. Trabajó en la práctica totalidad de los estudios cinematográficos de Madrid pintando los grandes telones o forillos del cine de la época, hasta que, incitado por el decorador Sigfredo Burman, comenzó a investigar las técnicas de la escenografía pintada en cristal que tan buenos resultados habían reportado a la cinematografía alemana, la referencia de nuestro cine en los primeros años de la posguerra.

A partir de entonces la imaginación de Emilio se disparó y empezó a reinventar las técnicas tradicionales del trucaje cinematográfico: cristales combinados con espejos, maquetas pintadas en chapa de aluminio –invención del propio Emilio– maquetas corpóreas fijas o móviles, trucos de agua con piscina, trucos de fuego, animación de muñecos y todas las combinaciones posibles entre estos efectos. Trabajaba delante del objetivo, a partir de una distancia de dos metros. Con cualquier cosa que pusiera delante lograba engañar al ojo de la cámara.

Emilio Ruiz completó en cristal o maqueta las grandes escenografías del cine histórico de la productora Cifesa, como la torre y el coro de la Iglesia o la ciudad amurallada de Alba de América (1951). En cristal pintó los teatros de Gayarre (1958) y Aquellos tiempos del cuplé (1958), dejando un hueco para que los actores, subidos en un practicable, se asomaran por los palcos. Por estos años Ray Harryhausen, el maestro de la animación stop-motion, le llamó para algunas de sus producciones que se rodaban en España, como Simbad y la princesa y Los viajes de Gulliver (1959).

Colgadas en bandera o disimulando sus soportes para poder hacer panorámicas desde el centro óptico de la cámara, las maquetas de Emilio Ruiz eran una garantía para satisfacer un gran repertorio de exigencias visuales. El productor Italo Zingarelli vio el potencial de su trabajo y se lo llevó al cine italiano, aunque gran parte de los ocho años que estuvo contratado por Film Columbus los pasó en España cedido por la productora para participar en las películas que empezaban a rodarse aquí por las compañías americanas e inglesas: Espartaco (1960) Rey de reyes (1961), 55 días en Pekín (1963), Cleopatra (1963), El fabuloso mundo del circo (1964), La caída del imperio romano (1964) y un largo etcétera.

Suyas son las ciudades de El Cid (1961) o Lawrence de Arabia (1962) y muchos trampantojos que, por su realismo inigualable, fueron bautizados como “emilios”. Cuando ya era una celebridad por sus trucajes, seguían recurriendo a él como pintor para los retos mayores, como la perspectiva pintada del Kremlin al final de la calle de Moscú construida en el barrio madrileño de Canillas para Doctor Zhivago (1965) o los frescos pompeyanos de Golfus de Roma (1966).

Trabajó en grandes producciones, pero su escuela fueron producciones más bien modestas, en las que suplía la falta de medios con el ingenio. Esa fue siempre su forma de pensar y trabajar, y disfrutaba con ello, buscando una solución distinta para cada caso, sobre todo en los peplums como Los últimos días de Pompeya (1959), Las legiones de Cleopatra (1959) (1959), Las amazonas de Roma (1961) o Los siete espartanos (1962), donde además de completar decorados con sus cristales y chapas tuvo que mover legiones de muñequitos.

En El largo día del águila (1969) el bombardeo nazi sobre Inglaterra lo resolvió con una vista aérea de la ciudad pintada sobre papel, agujereado para simular con luces y humo la destrucción de las bombas. Y en el spaghetti-western Los locos del oro negro (1976), donde sólo había una torre de petróleo, llenó el paisaje de torres que humeaban. Emilio defendía el rodaje directo, sin fiar nada a la posproducción, y prefería rodar al aire libre, para fundir sus cristales y maquetas en mares, desiertos o montañas reales y así “reducir la mentira cinematográfica a la mínima expresión”, como le gustaba decir.

El descarrilamiento de la maqueta móvil del tren en Aquel maldito tren blindado (1978) y la explosión de la estación, una maqueta corpórea que ocultaba la estación real, acreditan el realismo y la espectacularidad de sus resultados. En esta película, donde apenas había un avión que volara, pintó una flota entera en el aeropuerto y luego los hizo volar, deslizando el cristal donde los había pintado.

Aprovechó las murallas de la Alcazaba de Almería para hacer el plano general de la ciudad de Conan, el bárbaro (1982), construida en maqueta corpórea y situada en primer término con su torre y su palacio. Para la maqueta de la fortificación de Dune (1984) aprovechó la escalinata y la puerta del parking del estadio de fútbol Azteca, en México DF. Un modesto aeródromo en Checoslovaquia se transformó con su arte en el aeropuerto de Berlín de La niña de tus ojos (1988).

Tal era la veracidad de sus trucajes que la mayoría de los documentales sobre el final del franquismo incluyen su recreación del atentado contra Carrero Blanco para Operación Ogro (1979). Para conseguir la impresión de realismo Emilio iba más allá de la realidad. Hacía “planos imposibles”, como el de Luz de domingo (2007), donde situó la estatua de la libertad y el puente de Brooklyn, ambos en maqueta corpórea, delante del skyline de Nueva York, pintado en chapa de aluminio y encajado en pleno puerto de Gijón. Puro cine.

Para De Laurentiis creó algunos de sus mejores trucos: las naves y ejércitos de Dune (1984), las fortificaciones y esculturas de Conan, el destructor (1984), el castillo y la escultura de la escuela de lucha de Red Sonja (1985), las maquetas del edificio y vistas de la ciudad de Los ojos del gato (1985), el puente levadizo de La rebelión de las máquinas (1986) y los barcos y maquetas de la ciudad de Cantón de Tai-Pan (1986). El productor italiano intentó retenerle en los estudios que había construido en Wilmington, pero Emilio quería estar con su familia y volvió definitivamente a España.

Siguió trabajando para producciones foráneas, como La Revolución Francesa (1989), donde recreó la Place de la Concorde y rellenó con muñecos y maniquíes la figuración que hacía de muchedumbre ante la guillotina. Aquí pudo reutilizar por primera vez sus maquetas, colgadas en primer término para completar las bases de los edificios que habían sido construidos en decorado, para conseguir con las mismas varios planos generales. Emilio estaba gozando de su virtuosismo, como lo prueban por esta época sus complejos trucos de agua para El puente de San Luis Rey (2004).

En el cine español de las últimas décadas Emilio hizo trucajes magníficos, destacando el citado aeropuerto de Berlín, el campo de concentración y los estudios UFA de La niña de tus ojos (1988), el París de La buena vida (1996), los trucos con piscina de El embrujo de Shangai (2002), el poblado de Guerreros (2002), el barco amarrado en el puerto de Barcelona de Soldados de Salamina (2003) y la ciudad de piedra de El laberinto del fauno (2006), entre otras muchas creaciones.

Emilio hizo valer las técnicas tradicionales del trucaje cinematográfico hasta ayer mismo –aún han de estrenarse Luz de domingo y Las mujeres del anarquista con sus últimos trabajos. Sus trucos, tan antiguos como el propio cine, aún resolvían con gran realismo toda clase de necesidades visuales. Pero su vasta experiencia y su riguroso conocimiento de disciplinas tan diversas como el dibujo, la perspectiva, la escala, el color, la escultura, la iluminación, los decorados y la fotografía, ya no estaba al alcance de cualquiera. Emilio soportaba sobre su persona todo su legado, él solo representaba el final de la artesanía cinematográfica en la época de la tecnología digital. Con él desaparece una forma de hacer y entender el cine.

Acompañarle durante este último año y ver el amor que ponía en su trabajo ha sido para mí una enseñanza inolvidable y un privilegio del que siempre le estaré agradecido. Hasta siempre, maestro.

21 comentarios:

Prisamata dijo...

ese documental hay que verlo

Anónimo dijo...

Muchas gracias Sigfrid, a Mª Luisa le va a encantar, seguro.
Un abrazo,
MAD

Daniel dijo...

Estupendo post, Sigfrid. Me han encantado las imágenes de las maquetas, son increíbles.

Y tanto, yo también quiero ver ese documental.

Abrazos.

blogeandolared dijo...

Ebhorabuena por el post y el obituario en El Pais.
http://blogeandolared.blogspot.com/2007/09/emilio-ruiz-del-ro-maestro-de-los.html

sigfrid dijo...

Muchas gracias, MAD, por tu comentario, y a todos por acordaros de Emilio.

Anónimo dijo...

Sigfrid,
Soy la nieta mayor de Emilio. A toda la familia nos encantó tu artículo en El Pais, y el que has escrito en tu blog. Muchísimas gracias por tus cariñosas palabras. Estamos deseando ver el documental!

Un abrazo,
Henar.

sigfrid dijo...

Gracias, Henar. Quiero tener el documental listo para marzo. Estas últimas semanas estoy revisando y anotando las más de 50 horas que grabé con él. Estoy viéndole todos los días, sigo con él, emocionado. Quiero poner en el documental todo el amor que Emilio tenía por su trabajo. Espero conocerte pronto. Una abrazo a la familia.

Anonimo dijo...

¿Alguien sabe cuando se va a estrenar este documental?

Albert Alcoz dijo...

Acabo de ver El Último Truco en el cine.
No sabía nada de Emilio Ruiz.
Qué alegría saber de su trabajo!
El documental me ha encantado.
Enhorabuena!

Un saludo.

Anónimo dijo...

Nada de momento no hay manera de ver el documental en Madrid, que pena de distribucion de verdad...

Angel dijo...

Un absoluto genio, sin duda alguna. Su muerte fue una lástima, espero que no se pierda ni su arte ni su técnica.

Amigo Sigfrid Monleón (espero que me permitas la confianza), te felicito por el documental. Ya l he visto 4 veces en Canal + y no me canso de verlo.

Para algunos jóvenes como yo (1982), el efecto tradicional sigue siendo puro arte, magia y fantasía que el cine debería mantener para siempre.

Un saludo!

Ángel. www.TiempoDeCulto.com

josej*TORRES dijo...

Acabó de llegar de la proyección que se ha celebrado esta noche en la ciudad de Las Palmas.
Me ha encantado el documental y ha nacido en mi una gran admiración por este genio. Un gran mago que engaña con la verdad de un arte que traslada a un sueño.
Simplemente felecitar por vuestro trabajo y por difundir estos oficios tradicionales del cine.
Un recuerdo para Emilio, cuya narración de su vida y obra me ha resultado tan divertida, haciendome pasar un rato muy agradable en la butaca.

olga caballero dijo...

La vi ayer en Canal Plus. Siento no haberla visto antes en cine; áun sigo emocionada. Maravillosa película documental.

Nuria dijo...

A medida que avanzaba el documental, temía que el ilusionista no siguiera fusionando los dos mundos que me hacen soñar: el Cine y la Pintura.

Y llegó el temido epílogo.

Aunque me desconsuela su marcha, gracias por permitirme descubrir a Emilio esta noche.

Nuria.

Anónimo dijo...

No conocía a Emilio ni su figura pero siempre pensé que un genio habría rodado aquella secuencia de Operación Ogro. Han pasado la película por La 2 la semana pasada y mi mujer y yo nos hemos quedado enamorados del arte de este artísta único.
Gracias Sigfrid por enseñarnoslo.
Espero que esté en DVD para poder comprarla y verla siempre que necesite un poco de "ilusión".

Anónimo dijo...

good read, post more!

pscheve dijo...

Maravilloso trabajo. Que gran virtud y suerte dedicase a lo que a uno le gusta. Y desde luego, Emilio sentía devoción por su trabajo.
No me ha dejado indiferente el documental y ha sido una lección personal para seguir trabajando en lo que a mi mas me gusta.

fabian dijo...

Un buen amigo, Jacinto Pizarro me dió a conocer a Emilio Ruiz del Rio el año pasado a través del documental El último truco. Se imprimió en la memoria y va en aumento mi admiración por este gran artista. ¿Por qué no se dan a conocer genios como Emilio cuando están en plena actividad?

Animo a quien todavía no haya visto el documental a verlo y acercarse a conocer la vida y obra de Emilio.
Muchas gracias Sigfrid por el gran acierto de este trabajo maravilloso, gracis al cual la memoria de Emilio será honrada por mucho tiempo.

fabian dijo...

Un buen amigo, Jacinto Pizarro me dió a conocer a Emilio Ruiz del Rio el año pasado a través del documental El último truco. Se imprimió en la memoria y va en aumento mi admiración por este gran artista. ¿Por qué no se dan a conocer genios como Emilio cuando están en plena actividad?

Animo a quien todavía no haya visto el documental a verlo y acercarse a conocer la vida y obra de Emilio.
Muchas gracias Sigfrid por el gran acierto de este trabajo maravilloso, gracis al cual la memoria de Emilio será honrada por mucho tiempo.

Jose Luis dijo...

Muchísimas gracias por el excelente documental, que refleja el amor y la devoción de este artesano de la magia cinematográfica por su oficio, maravillando además al público con el descubrimiento de sus ingeniosos artificios visuales. Un gran documental sobre uno de esos grandes técnicos españoles, reputadísimos internacionalmente, pero prácticamente desconocidos aquí.

Anónimo dijo...

No sé como he llegado hasta aquí y en este momento...pero me alegro de haber descubierto a Emilio Ruiz del Rio a través del documental de Sigfrid. Es impactante ver el arte, la dedicación , el entusiasmo que transmite a través de su genial trabajo. Gracias.