domingo, 12 de agosto de 2007

RED ROAD


Red Road, dirigida por Andrea Arnold, obtuvo en 2006 el Premio del Jurado del festival de Cannes. Se trata de la primera película producida en el marco de “Advance Party”, un sistema en el que tres realizadores escriben un guión cada uno basado en el mismo grupo de personajes. Las historias transcurren en Escocia y los mismos actores interpretan idénticos papeles en cada una de las películas. Detrás de este invento está la mano de Lars von Trier, que sella así un acuerdo de coproducción entre Dinamarca y Reino Unido y da una nueva vuelta de tuerca a sus ideas sobre la serialización en el cine.

La película de Andrea Arnold nos presenta a una mujer que trabaja en el ayuntamiento de Glasgow observando las imágenes de las cámaras de vigilancia ubicadas por la ciudad. Jackie (Kate Dickie) vigila cada día un pequeño trozo de la urbe, atenta a cualquier indicio que le permita descubrir o evitar un crimen. En la sala de monitores se ha familiarizado con las gentes que transitan por las calles. Observa sus rutinas, como pasear al perro, y a veces se asoma, hasta donde se lo permiten las cámaras, al interior del hogar donde moran estos ciudadanos anónimos.


Sabemos muy poco de la vida privada de Jackie: vive sola en una casa descuidada y recurre al sexo con un compañero de trabajo como alivio fisiológico... Hasta el día en que aparece en la pantalla un hombre (Tony Curran) al que no pensaba
volver a ver nunca y, a través de su seguimiento, descubrimos la herida abierta de su pasado, las razones de su vida discreta, abandonada, insatisfecha. No creo que lo mejor de la película sea el goteo de información que a partir de este momento va armando el relato, porque resulta algo artificioso, pero ya ha conseguido instalarnos en una forma de ver la realidad entorno llena de tensión y misterio, basada en el juego amplificador de los detalles y en el minimalismo de la puesta en escena, con el voyeurismo de fondo.


Las mismas técnicas que se supone están diseñadas para prevenir el delito le sirven a Jackie para perpetrar el suyo (su venganza). De su mano traspasamos las pantallas de vigilancia para entrar en las viviendas insalubres de los barrios degradados de Glasgow, verdaderos guetos donde la gente sobrevive con trabajos sin porvenir y se rechazan o simplemente fracasan las condiciones de la inclusión en el sistema. Detrás de las puertas, debajo de la piel aparece el profundo malestar de una sociedad que aplica a todos los ciudadanos los dispositivos que hasta ahora sólo estaban destinados los delincuentes. Es la sociedad de la sospecha generalizada, la que hace el seguimiento de bebés potencialmente peligrosos según sus antecedentes familiares (en el Reino Unido) o toma muestras de olor de sospechosos de ser violentos (en Alemania). Donde toda la humanidad se ha vuelto una clase peligrosa, porque todos somos criminales virtuales, incluidos los vigilantes de nuestra seguridad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sé que poco le suma al prestigio de cannes, pero red road ganó ayer también en el festival de santiago de chile.

no la vi, la verdad, pero pienso hacerlo... veremos.

sigfrid dijo...

Tengo entendido que el Festival Internacional de Chile, el SANFIC, ya en su tercera edición, no está nada mal. Espero que, a parte de premiar buenas películas, como Red Road, le sirva también al cine chileno, del que pocas noticias tenemos por aquí.